El mejor contraargumento a la posición de “mantener la estructura fiscal actual sobre los impuestos” es que el sistema actual muchas veces resulta insuficiente, desigual y poco eficiente para responder a las necesidades reales del país.
Si se mantiene exactamente igual:
- El Estado seguiría teniendo déficits fiscales constantes.
- Continuaría dependiendo de préstamos y deuda pública.
- La inflación y el costo de vida podrían seguir aumentando.
- Se mantendrían privilegios fiscales y exenciones que benefician más a ciertos sectores que a la población general.
- No habría recursos suficientes para mejorar áreas importantes como salud, educación, seguridad e infraestructura.
Además, muchas personas argumentan que el problema no es solo cuánto se cobra en impuestos, sino cómo se distribuye la carga tributaria y cómo se administran esos recursos. Por eso consideran necesaria una reforma fiscal más eficiente, transparente y equilibrada.
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