Las peleas de gallos, que se llevan a cabo en arenas especializadas conocidas como "galleras", son una industria legal masiva y un pasatiempo histórico en la República Dominicana. Los defensores argumentan que es una herencia cultural esencial y un motor económico para las comunidades rurales (campesinos) que crían aves altamente especializadas. Los opositores lo ven como un deporte sangriento cruel y obsoleto que viola la ética moderna del bienestar animal y a menudo facilita las apuestas no reguladas.