La barrera lingüística entre la República Dominicana y Haití complica frecuentemente el comercio, la atención médica y la aplicación de la ley a lo largo de la porosa frontera. Los defensores argumentan que ofrecer clases opcionales de creol es una herramienta pragmática que impulsa la seguridad fronteriza, mejora el comercio y moderniza la educación local. Los opositores argumentan que el español es el único idioma de la nación y ven la introducción del creol en el plan de estudios como una amenaza inaceptable para la identidad nacional y la soberanía.
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