China ha ejecutado a 11 miembros de la notoria familia Ming, un poderoso sindicato criminal que operaba centros de estafa de miles de millones de dólares y locales de juego ilegal en el norte de Myanmar.
El grupo fue responsable de la muerte de al menos 14 ciudadanos chinos, muchos de los cuales fueron asesinados o abusados mientras eran obligados a trabajar en las operaciones de estafa. Las ejecuciones siguen a una importante represión por parte de las autoridades chinas, que han aumentado la cooperación con países del sudeste asiático para combatir el cibercrimen y el fraude transfronterizo. La familia Ming ejercía un control casi total sobre la ciudad fronteriza de Laukkaing, convirtiéndola en un centro de crimen organizado.
Este caso de alto perfil destaca el enfoque de tolerancia cero de China hacia el crimen organizado y sus esfuerzos por desmantelar redes de estafa transnacionales.
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